—¡Abuela, abueeela!
Llama a su abuela Marcos cuando entra a su casa con el pan, odia que lo manden a comprar pan todos los días, no entiende porque otra persona no puede hacer ese trabajo, solo porque tiene quince años no quiere decir que sea el mandadero de la casa, ya trató de decirlo muchas veces pero nadie le hace caso. Peor aún su abuelo sale con la historia de que cuando él era chico tenía que ir a comprar pan vaya a saberse donde, tal como lo dice pareciera que fuera al fin del mundo.
—¿Qué hijo? —Sale su abuela de la cocina secándose la mano en un trapo de cocina.
—Echame alcohol y desinféctame.
—Primero tus manos —Pide doña Lucia su abuela—¿limpiaste tus zapatos para entrar?
—¡Hay abuela todos los días me preguntas eso! ¿no te cansas? —dice Marcos—si me limpie —Te cuento que en la esquina de tu casa hay un gran anuncio que dice “horno crematorio portátil”. Ahora vas a poder ir a hacer pan ahí cerquita —continua con una gran sonrisa.
—¡Ave María purísima! —Exclama alarmada doña Lucia.
—¡Que! —dice el abuelo, que está sentado a la mesa esperando el pan.
—No te preocupes abuela que no es para vos —continua Marcos yendo al baño a lavarse las manos antes de escuchar a su abuela preguntar “¿te lavaste las manos?”—, es para los que se mueren de coronavirus.
—¡¿Cómo?! —pregunta el abuelo —¿ahora los van a cremar ahí en la esquina?
—No abuelo —dice Marcos saliendo del baño— ahí solo está el anuncio.
— ¿Entonces donde será que van a hacer el trabajo? —pregunta el abuelo.
—Por lo que escuche al señor, creo que el dueño, explicando a un señor que pregunto —contesta Marcos— van a la casa del muerto con el horno, por eso se llama portátil, es como cuando llevamos nuestra laptop portátil —continúa explicando— se paran al frente de la casa del difunto y mientras la familia está leyendo el testamento afuera el difunto se está quemando en el horno portátil.
—¡Hay Dios mío Marcos! como sos de malcriado —exclama una vez más la abuela alarmada, mientras el abuelo se ríe.
—No sé pues yo abuela que harán en los velorios, yo nunca fui a un velorio, me imagino que eso, leen el testamento, ven quien se queda con que.
—No, las personas se despiden del difunto, es decir están en estado de duelo, muy tristes porque una persona querida se va —aclara el abuelo.
— Ahhh, bueno —asiente Marcos.
—Pero mira vos como es la viveza de la gente Lucia, hornos portátiles, yo nunca había escuchado que existieran, ¿o será algo nuevo?
—Yo lo único que veo es que ahora ya no van a esperar para ver si nos vamos al cielo o al infierno, aquí nomas nos van a quemar a todos.

